El camposanto amarillo
Relatos para compartir con aquell@s que se vean reflejad@s.
miércoles, 23 de mayo de 2018
martes, 22 de mayo de 2018
Las bodas reales
lunes, 21 de mayo de 2018
Adiós,
Arturo
Una vez
más, La Cubana, en acción. Y nunca mejor dicho cuando te ves inmerso en un preámbulo
enloquecido que más parecería una fiesta a la que te has invitado. Una especie
de guateque desmadrado ante las exequias del difunto Arturo. Un hombre con
amplia experiencia en todos los aspectos de su vida al que rendir homenaje festivo
desde los cinco continentes y los innumerables contenidos que vistieron su
existencia. Saltas de una presencia a otra como si de una marioneta caprichosa
fueras sujetada por los hilos de una dirección escénica brutal. De modo que
entre risas y sorpresas, allá que te das un respiro, compruebas que has
cubierto una primera hora en un plis plas. Por un momento crees que ha
concluido y te sorprende que así sea. No, no lo es. Y en la continuación, el
segundo acto se enrevesa de tal modo que crees estar en otro argumento. Aquí,
la quietud que te negaron en los comienzos te es legada de sopetón. Miras a tu
alrededor por si la apreciación es demasiado personal y compruebas que no. Más
de uno cambiando de postura sobre el asiento corrobora tu apreciación. Es como si
dos autores antagónicos hubiesen diseñado la obra y hubieran sorteado el turno de
aparición. Cierto desánimo acude a ti y es inevitable el recuerdo de aquellas
campanadas de boda de hace tres años. Sí, vale, puede que te haya pillado en
mal momento; puede que no estés en la mejor disposición; puede que el viernes
vespertino se haya vuelto demasiado exigente. Y en eso estás cuando de nuevo,
como si de una nueva erupción se tratase, el ritmo regresa y con él la
coherencia del texto escenificado. Paradójicamente el adiós se convierte en
bienvenida y vuelves a disfrutar de la grandeza de la comedia. Todo vuelve a
tener sentido en el sinsentido propio del disparate. Sonríes de nuevo, aplaudes
y tientas la posibilidad de recomendar una revisión del libreto. Quizá algunas
páginas sobren y con ellas fuera la obra resulte redonda. Sea como sea, tú,
callado espectador, no dejas de ser un mero crítico que has vuelto a apostar
por la compañía que siempre tiene a gala hacerte disfrutar. Un lapsus lo tiene
cualquiera y tampoco se van al garete los méritos de los comediantes por tu
simple opinión. Así que, lo mejor será vestirse de colorido luto y pasarse por
el tanatorio festivalero donde un centenario Arturo espera nuestro último
adiós. Quién sabe si nos han hecho herederos de su fortuna y el notario nos
urge la firma de aceptación.
jueves, 17 de mayo de 2018
A modo de ejemplo
Esa es la cuestión, el
ejemplo. Aquel que una vez le espetó un hijo a su padre cuando este le reprochó
el modo en el que llegó a casa y su propio vástago le echó en cara al
progenitor el que él mismo llevó días antes. Ejemplo, simple ejemplo. Como aquel
que desde el púlpito quiso lanzar el sacerdote invocando a la caridad de los
feligreses mientras él ignoraba su propio predicamento. Ejemplo, simple
ejemplo. Como el de aquel fumador empedernido que bramaba cada vez que alguna
de sus hermanas prendían un cigarrillo. Ejemplos, simples ejemplos. El mejor
método para que algo se asuma o se ignore. Y mira por donde, de nuevo, el
ejemplo a escena. Sí, de mano de aquel que asumió el liderazgo de un modo de
actuar y de un modo de repudiar lo establecido desde una sociedad de clases.
Enarbolaron la pancarta de la justicia y tomaron del morado el tono del
sacrificio para ahora, poco tiempo después, destilar el pendón del desencanto,
del engaño, del doble discurso. Una pena y una guillotina hacia la esperanza.
Cuestión de formas y cuestión de fondos. Resulta tan tentadora la tentación
burguesa que tus cimientos se arcillan si solamente han sido voceríos
convencedores hacia los desesperanzados. Acaban de dar una carpeta rebosante de
argumentos a todos aquellos a los que criticaron y de los que intentaron roer
votantes. Y ahora qué queda que no sea desilusión. Ahora regresan las imágenes
de aquellos líderes que consiguieron defraudar a sus acólitos en base a no
seguir sus postulados de justicia y equidad. Ser y parecer son verbos
copulativos que necesitan de atributos para conformar una oración. El problema,
el auténtico problema, el imperdonable problema, es que el atributo en cuestión
se lo queda el sujeto y el análisis sintáctico resulta fallido. Que cada cual
viva donde le dé la gana y donde el crédito bancario le permita. Pero que nadie
tenga la desvergüenza de encabezar la marcha de la equidad y de la justicia
cuando es capaz de mostrar un ejemplo absolutamente inaceptable. El sonrojo
será camuflado por un pañuelo morado, pero seguirá siendo sonrojo para aquellos
que depositaron esperanzas en quienes hoy las han destrozado desde su pedestal
burgués. No quiero ni imaginar el ejemplo que supondrían unas imágenes de
desahucio por impago de una hipoteca de seiscientos mil euros. Lo que no logro
quitar de mis tímpanos es el eco de aquellos que en silencio gritan “todos los
políticos son iguales” mientras crecen en ellos la semilla de la decepción.
martes, 8 de mayo de 2018
La cartelera
Sí,
efectivamente, la cartelera, la infatigable cartelera, viene a ocupar su puesto
en este recopilatorio de lecturas y el hueco se le hace. No dejaba de ser un apéndice
escrito de las opiniones de aquellos críticos cinéfilos o teatrales que te
anticipaban el acierto o no de la asistencia a tal o cual espectáculo.
Publicación de culto sin la cual era impensable adjudicarte el más mínimo
galardón como entendido. Su publicación semanal venía acompañada por la aparición
en las pantallas de aquellos estrenos más o menos apetecibles. Era el preludio
a la asistencia de la modernidad que nos atribuía y el incesante ojeo de las páginas
te sumía en la incertidumbre. Lo normal era que algún entendido que no entendía
en absoluto se erigiese como magno sabedor de las virtudes de tal o cual film y
las borreguiles aquiescencias le siguieran en su apreciación. Si la escala de
puntuaciones fluía entre el cero rotundo y el cinco exquisito nada resultaba más
urgente que dirigir tu mirada a la puntuación obtenida para hacerte una idea. Los
comentarios añadidos no dejaban indiferentes a nadie y con el tiempo empezabas
a entender que seguías sin entender. El espectáculo no te añadiría como sabedor
por más colecciones de carteleras que acumulases al tiempo que menguaban tus
estantes. El bodrio subtitulado, de origen balcánico, en blanco y negro y en
ocho milímetros no estaba pensado para que tú, pobre infeliz, supieses
apreciarlo como la joya que era. De modo que a la salida del tormento,
cariacontecido, huías la mirada de aquel que aplaudía con los párpados
semejante engendro. Habías invertido tiempo en las colas, dinero en las
entradas, esperanzas en la clemencia del crítico y nada. Otra decepción. Con un
poco de suerte, al tintineo de las cañas se te pasaba el disgusto. Puede que en
uno de los múltiples viajes al baño alguien como tú te preguntase casi en
secreto y comprobases que no eras el único. Allá, en la esquina de la tasca,
tapando el poster que anunciaba absentas, él, seguía ufanamente defendiendo sus
criterios. Una vez concluida la tarde, abrazabas los adioses y en el último
quiosco abierto adquirías otro ejemplar de cartelera. Más cercano, más común,
menos exquisito, más ecuánime. Esa noche comparabas calificaciones entre ambas
y la disparidad se hacía más evidente. En el fondo, un regusto a certeza te
invitaba a dormir. Habías acertado en tus apreciaciones y solo fue necesario
abrir otra portada para comprobarlo fehacientemente. Puede que en otro rincón
de la ciudad alguien empezase a cuestionarse seriamente si había entendido algo
o lo suyo era simplemente postureo intelectual. Quizá a las primeras caladas de
la pipa comprobase sobre las volutas de la habitación el rótulo que lo
calificaba de imbécil.
lunes, 7 de mayo de 2018
1. Raj
Suena
a ese la jota final cuando ella pronuncia su nombre, y no seré yo quien se lo
discuta. Ella, que llegó hace tiempo desde la “Joya de la corona”, hace y
deshace a su antojo como si de una maharaní se tratase mientras acomoda su
coleta según como dicte el día o promueva su estado de ánimo. Fluye desde
detrás del aluminio entre los cristales y porcelanas que esperan turno al
tiempo que los efluvios del sándalo se esparcen a modo de santuario sij. El
azabache la puebla y de su mirada se desprende la sabiduría del silencio acostumbrada
como está a la obediencia patriarcal. Manda sin imponerse y es consciente de todo
aquello que la rodea. Basta un simple vistazo para evaluar lo imprescindible. Mientras,
como si de un remanso gángico se tratase, el sari ondeará a su antojo. El
cilindro permanecerá inmóvil a la espera de la caída de la tarde en el rincón
del paraíso. Y mientras, los aros multicolores florearán tras la urna
esquivando los rayos del sol. Las ondas cibernéticas
venidas de oriente darán paso a los ritmos que hablarán de ceremonias y el
tintineo de las cucharillas hará que se sueñen crótalos. Las cúrcumas calladas compartirán
silencios con los jengibres que desde la explanada se verán rotos por el
bullicio vespertino. Hierática en sus postulados, guardará como tesoro tajmajálico
el brillo de la piel que se le adivina. Echa en falta la cercanía de los
meridianos y como si de un libro de la selva se tratase los argumentos de sus
silencios resuenan sobre los goznes de las persianas. Perdió la costumbre y
sumó el hábito. Sigue aprendiendo de cada gesto el valor de la ironía y puede
que se haya acostumbrado a no soñar con un billete de vuelta. Supo asumir el
papel de oasis que aquellos cercanos buscaron en mitad de su enésima travesía y
en ello sigue. Quién sabe si alguna de sus reencarnaciones no la han hecho
destinataria de lo que su karma mereció. Si esta tarde me acuerdo, se lo preguntaré.
Está tan acostumbrada a mis indiscreciones que no creo que se moleste por una
nueva irónica duda. Si la oigo musitar algún mantra mientras sonríe, le pediré
que me lo traduzca. Nunca se sabe de qué será capaz. A la par un kebab completo
emprenderá su viaje definitivo envuelto en aluminio y un nuevo plato de frutos
secos será sembrado delante del taburete a la espera del monzón de una sonrisa
bollywoodiense. Sobrevivir o no siempre es cuestión de suerte.
jueves, 3 de mayo de 2018
Los cruceros
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