Absolución
Relatos para compartir con aquell@s que se vean reflejad@s.
jueves, 30 de noviembre de 2017
miércoles, 29 de noviembre de 2017
Los insomnios
No es que entienda
demasiado sobre los ciclos del sueño. He oído sin prestar apenas atención
hablar sobre el ciclo R.E.M. en inmediatamente me he puesto a tararear su “Losing
my religión” y de ahí no he pasado. Alguien mencionó algo sobre la fase R.O.M.
y busqué en las entrañas del P.C. algo parecido sin encontrar solución. Así
que, iniciales a parte, aquí me encuentro, en mitad del desvelo, sumergido en
el mayor de los insomnios sin saber a quién culpar del mismo. A la cafeína no
puedo porque hace tiempo que la desterré de mis armarios. A la nicotina tampoco
por ser la olvidada arpía que tantos años me atenazase ante el encendedor. A la
falta de liquidez, tampoco, porque más o menos voy tirando y si no me sobra,
tampoco me falta. A los vaivenes del corazón, en absoluto, a pesar de las
secuelas propias de la edad que se aleja deprisa hacia la recta final y los
latidos se alteran a capricho. No sé, la verdad, a qué se debe. Podría echar la
culpa a la próstata que en algún momento de la noche, y no siempre, decide
convertirse en la despertadora inguinal
antineurésica. Nada, que no hay forma de encontrar al culpable. Sólo me resta
por averiguar si a lo largo de la jornada ha aparecido alguna contrariedad a la
que no he dado importancia y en las horas oscuras sale a la luz sin pedir
permiso. Si así fuese, ahora no caigo. Quizás aquel exabrupto que lanzó el
peatón hacia el conductor que se saltó un paso de cebra ha quedado impreso en
mi cerebro y busca explicaciones que no le he pedido. Puede que aquella
conversación que mantenía a grito alzado por el móvil una pareja mal avenida. A
lo peor las recriminaciones injustificadas de una madre pidiéndole actitud de
adulto al niño que arrastraba la mochila con aspecto cansado. Igual el aviso
naranja de la reserva del coche me pilló desprevenido y enojado cerré el portón.
Demasiadas posibilidades y escasas culpabilidades palpables. Así que lo mejor
será dejarse llevar y que las horas del alba decidan a su libre albedrío qué
camino seguir. Si al menos tuviese un perro podría lanzarle el reto de un paseo
temprano que seguro agradecía. Pero no es el caso, y creo que carezco del
espíritu de sacrificio que ello conlleva. Dentro de nada empezarán las emisoras
de radio a pregonar incidentes, controversias, accidentes, agresiones,
desacuerdos, estafas, robos, persecuciones. Así volverán a desfilar ante mis
tímpanos los tics-tacs del día a día que
tan pronto se presenta. Puede que la ducha logre disimular las secuelas del
insomnio. Será tan momentáneo que el ciclo de la duda resurgirá tras el
descanso del albornoz y los posibles culpables aguardarán unas horas para volver
a actuar. Ni siquiera me queda la opción de acusar a un constipado persistente
del aspecto que muestran mis ojeras. Y lo peor de todo es que justo ahora,
cuando el sol empieza a asomarse, me están entrando ganas de dormir. ¡Será
posible!
martes, 28 de noviembre de 2017
¿Y si llevaran
razón?
¿Y si en el fondo
de la cuestión llevaran razón y estuviera la mayoría que piensa que no,
equivocada? ¿Y si las instituciones nacidas para un fin se hubiesen quedado
obsoletas? ¿Y si aquellas urnas que fueron ninguneadas y perseguidas le
hubiesen otorgado la potestad de hablar desde el convencimiento que tantos
comparten? ¿Y si los de enfrente fueran quienes sienten seguridad desde el
acatamiento sin atreverse a dar un paso hacia adelante? ¿Y si fuese simplemente
cuestión de tiempo que el propio tiempo les fuese dando como buena su postura
que hoy parece una entelequia? Demasiados
“y si “ como para dar cerrojazo a un planteamiento que
incluso desde la distancia mantiene su hoja de ruta. Ahora mismo me vienen a la
memoria todos los movimientos secesionistas que a lo largo de la historia han
existido. Joyas de la corona que dejaron de ser dependientes de la corona;
colonias que empezaron como presidios y siguen su curso como naciones;
cuadriláteros trazados a mano alzada sobre mapas en los que distribuir y
repartir territorios y subsuelos;
dinastías reales que pusieron pies en polvorosa al no fusionarse con súbditos
que no los aceptaban. Sí, ya sé, más de uno pensará que no son equiparables
ambas realidades, pero lo piensa desde la perspectiva unilateral del bando
opuesto al que critican. Identidades que no se sienten identificadas antes o
después dejarán de permanecer en el engrudo que la norma apelmaza, si de las
partes no nace el deseo de permanencia.
No hay más que fijarse en cómo ven la realidad quienes piensan que les
ha sido secuestrada su legitimidad y por lo tanto renuncian a sentirse bien
tratados. Presos que adjuran en modo galileo de lo que hasta ayer consideraban
válido dan pie a una presidencia exiliada que unos consideran ex y los otros le
quitan el prefijo de caducidad. ¿Y si aquellos que no quieren ver la realidad,
hicieran un esfuerzo para poderla entender? Igual entonces le restábamos
dramatismo a la ruptura de este matrimonio en el que una de las partes no cree.
Todo lo demás, chascarrillos para
desacreditar, bufonadas para ridiculizar y gana de infravalorar lo que en
realidad temen. “Hasta que la muerte os separe” rezaba la sentencia que
provocaba más temor que alegría en los matrimonios de antaño y estamos viendo,
por desgracia más de lo que nos gustaría, cómo, efectivamente, la muerte se
acaba imponiendo cuando la sinrazón se abandera. Los movimientos se inician y
cuando nacen de las entrañas desembocan en terremotos. Lo único que queda
después es la tarea de reconstruir aquello que el mismo temblor ha destrozado. Y
si así no se quiere ver, una de las partes está equivocada anclada en puerto
seco y condenada a la oxidación del casco de sus naves.
lunes, 27 de noviembre de 2017
Sentido único
Así leído suena a
tránsito autoviario en el que seguir en paralelo a los vehículos que te
rodean. Con ello se evitan problemas tan
comunes como los atascos, como los choques frontales, como los adelantamientos,
y todo transcurre más o menos al unísono. Y así lo ha debido imaginar Carmena,
la alcaldesa de Madrid, para el tránsito peatonal en estos días de compras
compulsivas por el centro de la capital. No parece mala idea. Atravesar la
calle Preciados de norte a sur por una horda de legionarios comprantes a la
busca del chollo es una visión que no deja de tener su gracia. Todos a ritmo
como si de un desfile militar coreano se tratase enfilando hacia el portal
adecuado en el que sumergirse y dejarse la cartera. Todos siguiendo el ritmo de
las pisadas de este intenso desfile procesional semana santero sin más tronos
que portar que las bolsas de plástico custodias de los productos adquiridos. A
piñón fijo, sin posibilidad de retroceso, en vuelo rasante y pausa ausente.
Desde luego los choques en cadena parecen más que previsibles. Bastará con que
alguien decida refrenar su velocidad para que aquellos que le siguen se den de
bruces con él y el parte de lesiones salga a la luz. Supongo que el paso
siguiente será exigir un seguro, al menos obligatorio, a todo caminante que
decida sumergirse en ese trayecto. Y de paso, luces catadióptricas en la ropa,
intermitentes en las muñecas y luz de frenada en el trasero. Bocinas no creo
que hagan falta ante el incesante murmullo del tropel. Ni imaginarme quiero el
día que decida amanecer o atardecer lluvioso; el caos será impredecible e
irresoluble. Los ataques de ansiedad, agorafobia y estrés, están asegurados. De
nada servirá guiarse por las luces parpadeantes de los edificios pregoneros de
ilusiones si no somos capaces de abandonar el carril que elegimos sin meditar.
El “manos libres” se hará imprescindible para dar rienda suelta al cambio de
planes que exija un inmediato acceso al baño más próximo. Ante la congestión
multitudinaria vete tú a saber si no se impone la necesidad de peatonalizar las
circunvalaciones. Al paso que va la contaminación, y conforme se estipulan las
velocidades de los vehículos, yo no descartaría tal propuesta. Se trata de
vaciar bolsillos, envolver regalos, completar bolsas y repetir procesos. No en
balde la vida se vive en sentido único y estas escenas no iban a ser una excepción. Ahora es cuando me
llegan nítidas las imágenes de peregrinaciones a la Meca, de los giros
presidiarios en el penal de “El expreso de medianoche”, y todo empieza a
encajar como metáfora de un tiovivo llamado “Estupidez”. Supongo que los badenes habrán sido eliminados
y las rotondas no serán necesarias.
jueves, 23 de noviembre de 2017
Puigdemont
No dejo de darle
vueltas al perfil de este señor. Ahora mismo no sé si calificarlo de President,
exPresident, refugiado político, defraudador de seguidores, resistente a
ataques españolistas….la verdad es que no sé, ni creo que logre saber cuál de
los epítetos le va mejor. Ni soy sesudo analista político ni me parece que se
necesite analizar el comportamiento de un señor cuando, como es el caso, para
unos sigue siendo y para otros dejó de ser lo que unos creyeron que era y otros
jamás aceptaron. La cuestión está en qué prisma deberíamos visualizar el
exilio, la huida, o como quiera definirse su salida de España. Si pervive en la
utopía de creer en la validez de su hoja de ruta, su esfuerzo es encomiable,
más allá de las opiniones de los disconformes. Si se refugia para evitar las
rejas con las que le amenazan, adopta un papel de conde montecristiano que no
deja de tener su aquel. ¡Quién sabe si no alcanzará su libertad envuelto en un
saco de rafia sustituyendo al cadáver que iban a lanzar al mar! Mientras tanto,
paralelos más abajo, unos esperan su regreso, otros empiezan a intuir alianzas,
y muchos nos preguntamos por sus días a días belgas. De vez en cuando aparece
en mitad de una entrevista propagando sus argumentos en busca de oyentes que le
otorguen crédito y de cuando en vez surge entre las brumas flamencas o valonas
compartiendo chascarrillos a pie de calle con quien se le muestra solidario. Lo
bueno que tiene, quizás lo poco bueno que tiene este exilio, es la abundancia
de chocolates y cervezas que este país atesora. Ni azúcares ni hidratos le
faltarán y quizás con ello atenúe en parte la falta de respuestas sobre su futuro.
Imagino que seguirá con atención el desarrollo de los acontecimientos de
Cataluña y alguna duda empezará a sobrevolar por su mente. Puede que piense que
aquellos que en su fuero interno lo acusan de traidor estén esperando cobrarse con
traiciones su marcha. Igual desconfía de quienes le daban palmaditas en la
espalda para exponerlo como peropalo de
feria receptor de golpes a otros
destinados. Sera como fuere, la verdad, me produce desconsuelo verlo en esa
situación. Y por si algo faltaba, el peluquero de turno, ha decidido
arrebatarle otra seña más de identidad. No sé quién habrá sido el artífice de
semejante propuesta pero ha dado de modo inconsciente unas señales de aviso a los
demás, llamadas arrepentimiento, cambio, cesión, derrota, complacencia. Un
simple cambio en el corte de pelo tiene más significado de lo que imaginamos.
Por si acaso, y a riesgo de no ser escuchado, ojo con escalonárselo a navaja en
futuras visitas al fígaro de turno; podría interpretarse de modo poco
convincente y su imagen ya no sería la asimilada por todos. Se tornaría en
quien no es y eso siempre confunde.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
La manada
Grupo de animales de ganado doméstico, especialmente
cuadrúpedos, que andan juntos. Grupo numeroso de otro tipo de animales de una
misma especie que van juntos. Como acepciones denominativas no sabría cual de
las dos se adapta mejor al grupo de
amigos que estos días está siendo juzgado y hoy espera sentencia. Si me decanto
por la primera, estoy ofendiendo a los animales en la medida que son irracionales
y no deben serles exigidas conductas humanas. Si me decido por la segunda, al
eliminar el adjetivo de cuadrúpedos quizás me acerco más al fondo de su intención.
Manada, grupo de “animales” de una misma
especie que van juntos. Sí, sin duda, esta les cuadra mejor. Y puede que dentro
de esa cuadra en la que sus valores crecieron pueda seguir exhalándose el hedor
de la basura que les sirvió de alfombra. Puede que más de uno que los tuvo bajo
su custodia empiece a pensar que en algo se equivocó y gire la vista avergonzado.
Puede que aquellos que en su día les rieron las gracias hoy estén buscando
argumentos con los que justificar su coleguismo y no los encuentren, o lo que
es peor, los sigan exhibiendo. Puede que alguna de las féminas que pulularon a
su alrededor agradezcan al destino el haberse librado de la adversidad que la
víctima en cuestión ha padecido. Puede que aquellos educadores que se vieron incapaces de exigirles éticos
comportamientos se estén devaluando la nota como profesionales que en su día se
otorgaron. Puede que algún iluminado jurista se esté cuestionando si la ley es
lo suficientemente grave como para enarbolar la justicia que tantas veces se ve
difuminada. Puede que las sangres cercanas aboguen por la misericordia hacia
quienes no fueron capaces de limitar conductas. Puede que algún gurú televisivo
empiece a plantearse si determinados programas no alientan a imitadores de actos vomitivos
como este que se juzga. Son tantos los puedes que podrían enumerarse que la
lista sería tan extensa como mínima será la condena para los supuestos
culpables. Sea la que sea, la condenada, la que no será capaz de vivir una vida
normal, equilibrada, igualitaria, confiada, ya la está cumpliendo, sin ser
culpable. Y a partir de aquí, las dudas
deberían jugar a favor de ella. A partir de aquí, la inocencia no debería
ponerse en cuestión cuando una manada ha demostrado ser más manada que la de
cualquier especie animal. Si cualquiera
de nosotros como padres intentamos ponernos en el lugar de los padres de la
chica, creo que no podríamos resistir los deseos de buscar una gasolinera
cercana y añadir nuestros alegatos finales como defensa de nuestra sangre.
Demasiados atenuantes como lanzaderas de irresponsabilidades. Demasiadas prebendas
para quienes sabiendo lo que hacen, eluden culpas y quieren aparecer como víctimas.
Demasiados perros de paja como para no dejar de buscar un bozal con el que
evitar nuevas mordeduras.
martes, 21 de noviembre de 2017
Tomás, amigo mío:
Te vas sin apenas
darme tiempo a la despedida que te mereces y me dejas sin argumentos, huérfano
de ti, desconsolado, y no te lo perdono. Es tan impensable imaginarse las
calles sin tu presencia que soy incapaz de articular palabras de ánimo a este
ánimo afligido por tu adiós. Lograste sacar a la luz la valentía de los pesares
para darle un giro hacia el optimismo, y eso, amigo mío, perdurará para
siempre. Fuiste emblema para tantas generaciones que lograste el respeto que
solo los grandes merecen y ganan. El paso hacia la Eternidad será tan
bamboleante como aquel que fuiste trazando a la búsqueda del banco solariego
cada mañana y la bienvenida supondrá un acontecimiento en el Más Allá, digno de
aplauso. Sabes que cuando alguien que fue parte de ti se va de ti, su legado
permanece contigo. Y esa verdad será la que de fe de una existencia tan de
frente como este rostro tuyo labrado de arrugas que emprende la marcha. Será
complicado asomarme al balcón y no escuchar tus soliloquios mientras el mechero
se te ofrecía voluntario. Será impensable prescindir de la sombra que dejaba
sobre la acera el fieltro que te protegía de los rayos del sol. Será, amigo
mío, muy difícil saber que esas lecciones de filosofía de vida a pie de calle ya
no almacenarán más capítulos. El reloj decidió pararse, de nuevo Noviembre de
viste de luto y cae la ceniza del último cigarro liado como si la vida quisiera
cobrarse el tributo. Fue tan fácil y sencillo compartirte como difícil será
asimilar tu ausencia, te lo aseguro. Nos dejas huérfanos y hemos de asumir que
nada es perpetuo. Por si te sirve de consuelo, en cada rincón que revisemos,
algo tuyo permanecerá. De los Poyos a la cuesta del Castillo, de la Carretera a
la Plaza, cada paso sabrá que tú diste cumplida cuenta de ese transitar que ya
empezamos a extrañar. Vete en paz, no olvides tus garrotes, ni tu picadura, ni
tu mechero. Nadie sabe qué te puedes encontrar allá arriba y por si acaso es
mejor ir prevenido. Vete tranquilo y añade a tu equipaje la absoluta certeza de
haber sido Genio y Figura, amigo mío. Sé que cuando llegues, te reconocerán.
Sabrán que llega, desde Enguídanos, nada menos que Tomás, y serás de nuevo, el filósofo al que prestar oídos, aunque
esta vez tengamos que imaginarte disertando en la Gloria Eterna
Buen viaje, amigo
Tomás
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