1. Marina C. Ll.
Relatos para compartir con aquell@s que se vean reflejad@s.
jueves, 29 de noviembre de 2018
miércoles, 28 de noviembre de 2018
1. Isabelín
martes, 27 de noviembre de 2018
1. Dani Mateo
lunes, 26 de noviembre de 2018
Easy Rider
viernes, 23 de noviembre de 2018
La naranja mecánica
Supongo que este otoño lluvioso y gris que
llevamos se empeña en refrescarme la memoria y llevarme en volandas a aquellas
sesiones de cine. Y supongo también que la sucesión de noticias luctuosas que a
modo de cascada nos llegan ha decidido que fuese esta película la protagonista
de hoy. Para quienes no la hayan visto les recomiendo que lo hagan y saquen las
conclusiones pertinentes. El argumento es muy sencillo: una sociedad futura se ve sometida a la violencia en sus múltiples
variantes. Y como muestra de la misma, una pandilla se dedica a ejercerla desde
el criterio que las drogas y su propia naturaleza dictan. No hay miramientos
hacia las víctimas y la sed de mal se propaga por todo el celuloide a ritmo
vertiginosamente imprevisto. Hasta que las autoridades consideran que este
malestar puede derivar en su contra y buscan solucionarlo. Para ello echan mano
de unas pruebas psicotécnicas que los estudiosos del tema consideran infalibles
para conseguir la reeducación de los hasta ahora violentos. El hecho de
someterlos a dichos métodos logra sacar del espectador el aplauso preventivo
ante la posibilidad indeseada de ser una víctima más de aquellos abominables
seres. Torturas más o menos veladas que acaban dando por resultado el
amansamiento y con ello la paz social. Pareciera que la reconversión ha llegado
y la calma se reposa en el fondo del vaso que empezaba a enfriarse con la
intranquilidad. Es más, aquel que fuera líder de la banda, ha optado por
abrazar la ley y convertirse en defensor extremo de la misma. Un regusto a duda
te queda como interrogante. En aquella ocasión, duró poco y la solución llegó
enseguida. Concretamente llegaron seis soluciones uniformadas de azul,
numeradas con el veintiséis y dispuestas a repartir estopa sin miramiento.
Aquellos que meses antes fueran “manguis” fueron reclutados para formar parte
de la nueva brigada que velaría por la paz de las calles. Debieron pensar que
los cantos de alborozo previos a la marcha de vacaciones trimestrales eran lo
suficientemente peligrosos y optaron por cerrarnos el paso. No, no llevábamos
bombín, ni bates de béisbol, ni botas paramilitares. Por un instante pensé que
la pantalla había decidido hacerse real en la Plaza del Carmen y que la segunda
parte de la película estaba a punto de estrenarse. Tras el amedrentamiento, el
silencio, la despedida y la certeza de que estábamos en el punto de partida
hacia un tipo de sociedad temerosa y presa de sus miedos. Creo que el tiempo ha
venido a corroborar todo aquello y lamentablemente no parece existir una vuelta
atrás.
jueves, 22 de noviembre de 2018
Alguien voló sobre el nido del cuco
Quiero pensar que los años me intentan reenviar a
aquellos pasados como si pretendiesen de mí un resteo. Siempre, o casi siempre,
aparece una situación cotidiana que te suena a ya vivida desde el patio de
butacas de aquella sesión cinéfila. Y a nada que te descuides el título te
viene a la memoria. Este es el caso del nido en cuestión. Un inadaptado
protagonizado por Jack Nicholson acaba siendo ingresado en un psiquiátrico para
ser reeducado. A los sucesivos intentos de amansamiento, este responde con
nuevas salidas de la ruta marcada por la
norma impuesta. No solo no se conforma con ello sino que además empieza a
manejar sin apenas oposición a los inadaptados deficientes que hasta entonces
carecían de líder. Se establece una lucha sin miramientos entre los defensores
de las normas y este escuadrón libertario dispuesto a seguir las suyas. De poco
sirven los escarmientos a los que es o son sometidos y el miedo echa un pulso a
la osadía. Nada tienen que perder aquellos que nada temen y en esos parámetros
discurre la película. Lo de menos es el resultado final que obviamente otorga
derrota y victoria siguiendo el catecismo previsible. Lo verdaderamente curioso
empieza al salir de la proyección y una vez degustada la primera cerveza,
desoyendo las opiniones de los próximos, te aíslas y recapacitas sobre el
mensaje recibido. Cuestionas cosas, normas, estilos de vida, de direcciones, y
entonces los interrogantes se engrandecen. Te dejas llevar por el movimiento
cíclico y cuando llegas a la edad del retrovisor te das cuenta de que posiblemente
eres uno más de aquellos secundarios personajes que vivieron una ilusión y se
dejaron vencer. No han aparecido líderes capaces de llevarte hacia la utopía y las sesiones de electroshok ta producen
cosquillas. No ves en el horizonte a ningún Milos Forman capaz de dirigir este
desbarajuste de guion y empiezas a meditar la posibilidad de ingreso en un
manicomio. Seguramente allí dentro persisten aquellos que fueron tomados por lo
que realmente no son y les encanta aparentar para no sucumbir a la uniformidad.
Una enfermera Ratched se aproximará y tú le sonreirás socarronamente
indicándole que yerra nuevamente. La convencerás medianamente cuando consigas llevarla
hacia la ventana más próxima. Con la ironía colgada de tus yemas le dirigirás
la mirada hacia la escalinata de entrada. Allí, dos melenas felinas hieráticamente
situadas a ambos lados, le marcarán el camino definitivo hacia el pabellón que
precisa de sus auxilios. Justo en ese momento, una nueva ronda de lúpulo
recorrerá la barra y todo volverá a la anormalidad de costumbre.
miércoles, 21 de noviembre de 2018
1. Rexeyes
Nada más verlo tienes la sensación de encontrarte en el Bosque
de Sherwood y estar delante de unos de los componentes de la banda de Robin
Hood. La inmediatez del sonido de las flechas imaginarias silban por tus oídos
y un retorno a la leyenda se abre hueco. Buscará entre su túnica el frasco de
la pócima en el que guarda los sueños y a nada que te descuides te los
brindará. Será un brindis al sol de la aventura a la que tanto le debe este que
mira desde los marcos de madera la llegada de un nuevo amanecer. Probablemente
haya diseñado a lo largo de la noche el enésimo soliloquio del razonamiento
encaminado a la incordura. Sabe que en este lado de la norma están las
verdaderas raíces de la subsistencia del alma y a ellas se aferra para no
dejarse arrastrar hacia el abismo de la normalidad. Juega su papel de juglar
como si el mismísimo riego de la sangre se lo hubiese transmitido a modo de
herencia irrenunciable. Su puesto se eleva unos centímetros por encima de los
cercanos y a veces el hábito de la incomprensión le tatúa indeseos. Volátil
pensamiento el suyo que reniega de pertenecer a una época tan solitaria como la
incompetente mirada de quien solamente busca réditos. Este eremita del sentir
se sacia para sí con la savia del convencimiento de estar en el lugar
equivocado en el momento preciso. Mesías de posturas que no precisará de
apóstoles ni evangelistas que le sigan o den testimonio. Sus sagradas
escrituras se caligrafían de fuera hacia dentro y en el cofre más seguro las
mantiene. Únicamente la aparición de alguien capaz de entenderlas será capaz de
vencer la resistencia que pone con el candado del pudor. Dentro de nada, las
golondrinas volverán a ocupar el nido que eligieron debajo de su alero.
Entonces, solamente entonces, comprenderá que una nueva primavera se ha abierto
y con ella los brotes de sus
postulados florecerán a su antojo. Ni siquiera el desafinado sonido de las seis
cuerdas será capaz de amortiguar la vibrante expresión de alegría que nazca de
sus ojos. El resto de lo que suceda en el bosque, le traerá al pairo. Tan
acostumbrado está a los repartos injustos que ha desistido hace tiempo a
reclamar el lote que le corresponde. Y mientras tanto, intenta cumplir con el
sueño de los justos sobre los que eleva una antorcha que les orientará en el
camino de regreso cuando soliciten su compañía. Las estrofas se agolpan de
nuevo y no es cuestión de hacerlas esperar.
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