viernes, 31 de mayo de 2019


1. Eve C.


Puestos a reducir, reduzcamos su nombre a petición propia. No es que lo exija, no. Simplemente lo sugiere a modo de advertencia cálida escondiendo la venganza que te reserva si así no lo haces. Es broma, evidentemente, es broma, todo lo anterior. Llegó como Scheherezade de las mil y una noches a lomos de una alfombra surcadora de aventuras y vientos de marjales. Vino envuelta en los tafetanes de una ironía personal que solamente los amantes de la filosofía autócrata saben apreciar. Aterrizó sin alharacas falsas y así dejó claras sus opciones. Ella, que a modo de mapamundi cubre su dermis, sueña con las eternas madrugadas que prolongan la penúltima despedida desde la barra del pub golfo que se preste a ser confesionario final. Podría entonar cualquier estrofa que surgiese en mitad de una mirada y colocaría el estribillo pertinente como cierre del acorde. Capaz de vagar por los entresijos del soneto intentando conseguir el ritmo consonante que lo magnifique. Velará por seguir las huellas de Sofía cada vez que esta coja temblorosa el abrecartas de la recién recibida. Imaginará un fondo inacabable en el armario de sus sueños sobre el que encontrar la pieza no repetida y evitarse la monotonía. Libará de las fuentes de las pócimas secretas que le hurten fluidos innecesarios y de semejantes hontanares horadará lo suficiente hasta encontrar la cuna del yacimiento. Sujeta a convencionalismos que asume necesarios, imbatible por más intentos que el desaliento lance, será quien interprete todos los papeles que el teatro de la vida le exija. Mirará de frente y del bífido sarcasmo exhalará la cicuta que actuará homeopáticamente sobre la tibieza del receptor. Walkiria de la walhalla destinada a los héroes capaces de demostrarle valor, trenzará sus postizos mientras escancia el vino eucarísticamente pagano. Hechicera que mira las líneas de su mano buscando respuestas sin plantear interrogantes. Ella, Eve, será la hurí favorita del harem a nada que el sultán obtenga el permiso que ella le otorgue. Si tenéis valor, acercaos e intentad seguir el ritmo que os marca. Podréis suponer que es tan reflexivo y lento como aparenta. Tranquilos; en breve, os daréis cuenta del error de vuestra apreciación. Mirará displicente al incauto que ve en ti y callará para sí el calificativo final. Sería demasiado hiriente y no, no es de las que guste dañar gratuitamente. Bastantes pespuntes ha trazado la máquina que su antebrazo delata como para no diferenciar el límite de toda frontera. De los afeites que intentan camuflarla, ni caso; no son más que máscaras protectoras que de cuando en cuando Christine Daaé le aconseja llevar.

jueves, 30 de mayo de 2019


1. L@s más variopint@s


No voy a dar más pistas porque no son necesarias. Quienes los conocen sabrán ponerles rostro y quienes no, mejor que se los imaginen. Lo que sí puedo asegurar es que jamás, y ya son años, me había topado con un grupo así, tal cual, variopinto. Es entrar y regresan a ti aquellos temas hoy desaparecidos de las matemáticas en los que se hablaban de conjuntos, subconjuntos, diagramas de Venn, etcétera, etcétera y más etcéteras. Porque nunca imaginas por dónde va a salir la ocurrencia como intento previo a distraerme y así acortar los minutos docentes. Puede que una penúltima disputa se anteponga a la búsqueda de un libro que ha desaparecido y no apunta a un próximo regreso. Puede que un nuevo requerimiento en busca de la justicia calificadora no les haya dejado dormir. Puede que los decimales precisos estén escondidos en las vetas de una mina llamada cuaderno que sigue dormitando en algún cajón extraviado. O que la enésima doctrina de la enésima filosofía del credo venga a pedir paso para reafirmar la ocurrencia del amanecer inmediato. O que la pirueta imposible haya conseguido descolocar al cartílago que no sospechaba semejante exigencia. O que el sueño aparezca como carta de presentación en quienes han huido del enemigo en medio del juego virtual de moda. O que el desconocido general de aquella división emboscada en mitad de unas trincheras reclame su medalla al valor. O que el silencio grite para dentro el exabrupto que no se atreve a salir. Lo que sea, menos permanecer inmunes, quietos o mudos. Bastará con lanzar un interrogante para que más de veintitantas respuestas pugnen por ser las aceptadas. Odiarán como se suele odiar a la norma impuesta por considerar que la norma es excesivamente cruel al erosionar puntuaciones. Verán cómo a escasos metros la tabla de salvación momentánea se ofrece tras el ojo de buey de la puerta. Geniales, sin duda, y siempre diferentes, y siempre sorprendentes, y para siempre recordados. Gimnastas, boxeadores, baloncestistas, corredores, acróbatas, futbolistas, nadadores. Un compendio de preadultos que simulan sus temores y se abren paso entre los interrogantes. Unos sujetos pseudorreflejos en cuyas ecuaciones las incógnitas encuentran soluciones personales e indiscutibles. Una tripulación con la que atreverse a soltar amarras y santiguarse dejando al capricho de los vientos la ruta a seguir. Dos docenas de brotes que dejarán para un rictus sonriente en la orla que permanecerá enmarcada para siempre en mi memoria. Quiero pensar, que será mutuo, aunque con ell@s nunca se sabe.

martes, 28 de mayo de 2019


1. Carmen y Luis


Formaban ese dúo indisoluble que se anuda más allá de lo esperado y hoy en día cojeando perdura. De nada le ha servido al calendario intentar cubrir de luto la ausencia cada vez que la tarde se tiende por la subida de San Blas. De nada le sirve a los mostos echar de menos los trasiegos que se vendimiaron a la espera de dar color a las mesas y sabor a los hules. Él, atento al grifo, colocaba la espita dejando burbujear al ritmo del vale sellado de cada quincena. De su bolsillo nacía el pitillo que aguardaba turno mientras sus yemas firmaban las arrugas dactilares de labores ingratas constantes. La boina ladeada de modo coqueto como queriendo ganarle centímetros a las nubes. La pana arropando los poros de una piel acostumbrada al sacrificio. Ella, dejando pasar la vida, sentada en el banco que custodia la higuera, parece rememorar tiempos de esperanzas, Calla para dentro los sinsabores de una pérdida para que la flaqueza no le llegue. Asirá la cruz de la procesión como si quisiera pedirle justificaciones mientras desliza sus pasos. Pedirá el óbolo adentrándose en la nave a mitad de la eucaristía como si de la necesidad se buscase la virtud y de la virtud el cariño. Firme como los basaltos de una cantera que habituada está a los cinceles de la chanza sin ser conscientes de la inexistencia de una veta que le reste solidez. La cuesta se empeña infructuosamente en ralentizarle sus ascensos. Ella, como dueña absoluta de sí misma, bateará los saltos del infortunio como si desconociera el sentido definitivo de las respuestas que no le llegan. Ha relevado el turno al bastón que Marcelina exhibiera y desde las inexistentes almenas del imaginario castillo se muestra retadora a los vaivenes dulces de su insulina. Noble desde la sinceridad que la reviste echa a faltar y calla  las balas de una pistola que jamás dio paso a la pólvora que pudiese causar daño. A nada que te descuides, las pámpanas y los tronchos regresarán a su lado. Puede que sean quienes más entienden del sentido supremo que encierra el cariño. Puede que sepan más de sus silencios que a muchos se nos escapan. Puede que el mismísimo barranco vuelva a vestirse de verde y sepa dedicarle el frescor que merece. Mientras ese momento llega, el sol decidirá cruzar una vez más por la calle que le da nombre y seguro que lo recibe como siempre suele hacer, sonriendo.

lunes, 27 de mayo de 2019






1. Rafaelito


Hoy, día de resaca electoral municipal, me ha venido su imagen como si quisiera añadirse a la orla de los que fueron o siguen siendo. Reflejo exacto de un perfil Torrella, Rafael, era un señor en todos los aspectos del adjetivo. Podía mirarte desde sus achinados ojos y a nada que te descuidases sabía más de ti que tú mismo. Manejaba los tiempos como si de sus labios nicotinados surgieran el viento que te llevaría de un lado a otro de su diálogo para subyugarte con sus razones. Supongo que tanto tiempo topografiando perfiles le aportó una sapiencia que no siempre saben aprovechar otros. Se dejó abanicar por las mansas olas de la playa mediterránea al tiempo que cerraba balances desde los puestos destinados a las naves de recreo. Dandi capaz de fragmentarse en pedazos desde los que atender las razones que le llegaban de sus vecinos. Trajeaba sus pasos desde la curva en la que erigió su atalaya dominando al barranco, segmentando a la noguera, pespunteando a los pinos. Confesaba osadías de juventud a quienes teníamos la fortuna de situarnos cerca y a nada que te descuidaras te hacías partícipe. Sé que intentó hacer razonables las inversiones que exigían nuevas plantas y asumiendo las torpezas de ajenos desconocimientos legó un camino por el que avanzar hacia futuro. Vivía por delante de su tiempo y del corporativismo hizo sello de perpetuidad. Poeta de raza que dejó sus versos sobre la tapia del camposanto a modo de advertencia a quienes se sienten inmortales. César de un senado que las aguas diseñan a cada goteo en el que se sentía emérito en activo y como tal actuaba. Romeo seductor que probablemente manejó como nadie ese lema que anticipa silencio para no herir.” Lo que un hombre hace un caballero no cuenta” parece  que le estoy oyendo decir como crédito de galantería señorial. Supo ser la imagen de un cambio que se venía encima anteponiendo las esperanzas al temor paralizante. Su rostro perdura en la esquina a modo de cara de moneda cotizable. Mira hacia los Poyos y parece estar atendiendo a los requerimientos que se le pasaron por alto. En breve, sonarán las dos. Será el momento de darle paso al vermut y los ritos se han de mantener, parece decir. Una vez más, una legislatura más, las urnas hablaron. Esta vez, además, se unió al voto el recuerdo de aquel Rafael Torrella, Rafaelito, que supo ser uno más sin dejar de ser único.

sábado, 25 de mayo de 2019


El libro de los imbéciles
Acabo de escribir y borrar cinco veces el inicio de esta crítica. No sé exactamente cómo referirme al hecho en sí de valorar la importancia que un título tiene en una obra literaria. Probablemente más del que me imagino. De dicho título dependerá la fuerza del imán que te lleve a adquirirla, leerla, comentarla. Igual, sin ser consciente de ello, precisamente por ello, recogí de los estantes ignorados de Paris Valencia este ejemplar y me puse a la faena. Como si de una lista de clase se tratase, veinticuatro de los supuestos imbéciles aparecen retratados por Salvador Sostres. A modo de reflexión, el autor va diseccionando los bocetos de todos y cada uno de ellos con cierto toque provocador. Parece que desde su personal chaise longe lanza a cierta distancia los brochazos sarcásticos agridulces de los involuntarios modelos a los que retrata. Se yergue desde las teclas mirando de modo, a veces despectivo, a veces cruel, las menos comprensivo, a los infelices que sitúa peldaños más abajo. Castas que apenas merecen ser valoradas en un intento de convertirse en el Tom Wolfe que no llega a ser ni de lejos. Este émulo de sátiro pecaminoso hace gala a través de sus renglones de un cinismo más propio del niñato malcriado de una burguesía decadente que de un dandy de la pluma que se sueña  Óscar Wilde. Va de sobradito pero le falta ese punto de crédito que haría posible la existencia de la complicidad del lector que le envidiara. No, no se puede caligrafiar una lista de imbéciles cuando desde el principio la rúbrica acapara egoístamente todos los números de la agenda. No es gracioso porque la gracia nace del malabarismo inteligente que huye de la prepotencia. No es creíble, ni siquiera imaginable, ni siquiera amena, porque los cercos de sudor que van dejando las axilas de su egolatría, huelen a rancio perfume pirateado envuelto en falso cartón.  Sea como fuere, mi enhorabuena por el acierto del título, y mi aviso a quien pueda interesar. A partir de ahora prestaré especial cuidado en adentrarme un poco más en las obras que decidan cruzarse en mi senda lectora para evitarme chascos como este. Probablemente, vamos, seguro que sí, por más que lo intente, acabaré siendo el vigésimo quinto imbécil que no reflexiona y se deja llevar por una primera impresión. Eso sí, si por una casualidad se reeditase esta obra, por dios, que no me añada con el sobrenombre de lector imbécil, que ya me he dado cuenta nada más acabar semejante lectura.

viernes, 24 de mayo de 2019

Víktor

Sí,  con k, exactamente así,  como él lo anticipó desde el primer día. Y no voy a ser yo quien se lo discuta. No, no estoy dispuesto a pedirle rectificación a quien comienza a deambular por la vida y aún no es consciente de las cortapisas que la vida le va a ir planeando. Desde sus cuatro años,  a metro y algo de desnivel, te mira y desde el candor reclama atenciones caminando de puntillas. La anécdota aparece con más visos de invención que de realidad y te dejas vestir con el uniforme de crédulo que necesita ver en ti. Das por válido el hecho de saberlo compañero del cachorro al que convirtió en diana de sus ventosas de plástico en el campo de batalla del pasillo. Reprendes, te solidarizas, y percibes un arrepentimiento infinito que durará minutos. Sabes, porque te lo ha confesado, que sus querencias hacia los espacios siderales le sueñan astronauta y sugieres la posibilidad de hacer realidad sus esperanzas. Llega el momento destinado al disfraz y una pléyade de escafandras que ya quisieran para sí en Cabo Cañaveral, aparece ante ti. Tras sus pupilas semiocultas se trazan los interrogantes de querer ser reconocido y tú te haces el loco. Se aproxima, alza su flequillo y de sopetón,  la ignición espontánea surge tras su pregunta. ¿A que soy tu astronauta favorito?, dice. Y ahora qué,  cómo logras mostrarte imparcial. Difícil,  vaya que sí. Pasan por tu mente los momentos que quedaron atrás de tu infancia. Parece que estás viendo a su Laika refugiándose ante la inminente amenaza de un nuevo despegue no solicitado. Miras a este redivivo Gagarin de corta edad y respondes, que sí,  por supuesto que sí,  es tu astronauta favorito. Y le pides información sobre cómo conseguir un traje para ti que haga juego con el suyo. Mira hacia las proximidades para ver de qué modo sus progenitores pueden aportarle la información que preciso. Simulas la sonrisa ante su inocencia y das por válido el hecho de saber que dentro de un tiempo un adulto llamado Víktor, con k  por supuesto, recordará a aquel que a metro y algo de distancia miró hacia abajo y le tuvo envidia.

miércoles, 22 de mayo de 2019


1. Verosimar


Es colocar el caballete de letras y automáticamente se expande la sonrisa. Sí, la sonrisa. Una sonrisa nacida de una forma de ser que jamás deja indiferente a quienes tenemos la fortuna de compartirle los momentos. Ella, tan dual como suelen ser los gemelos de Junio, lleva sobre sí misma el cuño ambivalente de todo su poderío innato. Unas veces podrá vestirse de Azahara cordobesa a la espera del Abderramán que se atreva a cruzar la línea que la osadía diseña y el arrojo pespuntea. Ella, alzará sus brazos para regar convenientemente los geranios que den colorido al patio de una forma de ser encalada y primaveral. Cruzará por la judería y el mismísimo Maimónides le lanzará un requiebro con la elegancia natural que la sultana que la viste merece. Verá correr por sus mejillas el enésimo riego del Guadalquivir interior cada vez que de la mezquita de sus sangres el muecín reclame tiempo de sosiego. No habrá Romero de Torres capaz de captar el tono exacto de sus latidos si ella no quiere o autoriza. Ni habrá Rafael capaz de embadurnar sus lienzos si ella no concede los permisos pertinentes. Y a nada que se dé por concluida la mitad de la travesía, su otra mitad pedirá a gritos sentirse serrana próxima a las estribaciones maternas. Sabrá saltar la tapia si la madrugada insiste en prolongarse y, si la penumbra se embosca, de la candela propia prenderá la llama que la guíe. Hace tiempo que su camino hacia Damasco le aportó las soluciones y a ellas se aferra. Y si en algún momento las dudas le aparecen, del libro tatuado a flor de piel, extraerá las orientaciones convenientes para seguir adelante. Siempre fuerte, siempre firme, siempre Vero. Más sólida de lo que muchos suponen y más sensible de lo que muchos ignoran. Quemará etapas para de las cenizas de semejante hoguera ver renacer al ave Fénix que vuelve con más energía. Y volará expandiendo sus dos alas desde las que planea dejándole a la improvisación la elección de la pista en la que aterrizar. Fiel a unos principios que conjugan perfectamente  deber y placer. Fiel a unas bases que apuntalan la alcazaba que sabe a dulce  moscatel y sazona un salmorejo. Os dejo, acabo de verla pasar. La premura va prendida de sus mallas y no es de las que se conformen con esperar a que la alcances. Solamente si ve que merece la pena, aguardará a que llegues. Y si eso sucede, verás que merece la pena tenerla cerca.